miércoles, 10 de agosto de 2016

Un Perro Andaluz de Luis Buñuel

En una noche clara, un hombre corta el ojo de una joven mientras una nube pasa delante de la luna. Ocho años después, un ciclista se accidenta en la calle. La misma joven lo socorre y lo besa. En una habitación, el ciclista acosa a la joven. Un incidente callejero los distrae. Un personaje andrógino juega con una mano cortada y es atropellado. El ciclista sigue acosando a la joven. Un "doble" aparece y castiga al ciclista hasta que éste le dispara. Finalmente, la joven sale al mar y se encuentra con otro hombre. En la primavera, los torsos de la joven y de su nuevo acompañante aparecen enterrados en la arena, devorados por los insectos. Según declaraciones del propio Luis Buñuel, "Un Perro Andaluz fue un film antivanguardista, nada tenía que ver con la vanguardia cinematográfica de entonces. Ni en el fondo ni en la forma. Escribimos el guión en menos de una semana, siguiendo una regla muy simple: no aceptar idea ni imagen que pudiera dar lugar a una explicación racional, psicológica o cultural. Hubo 40 ó 50 denuncias en la comisaría de policía de personas que afirmaban que había que prohibir la película por obscena y cruel. Entonces comenzó una larga serie de insultos y amenazas que me ha perseguido hasta la vejez. Adoro los sueños, aunque mis sueños sean pesadillas y eso son las más de las veces. Están sembrados de obstáculos que conozco y reconozco. Esta locura por los sueños, que nunca he tratado de explicar, es una de las inclinaciones profundas que me han acercado al surrealismo. Un Perro Andaluz nació de la convergencia de uno de mis sueños con un sueño de Dalí”.

Trópico of Cáncer de Henry Miller por Joseph Strick (1970)

Trópico de Cáncer, publicado por primera vez en París en 1934, debido a la censura no vio la luz en Estados Unidos hasta 1961, después de más de sesenta juicios. Considerada por buena parte de la crítica como la mejor de sus obras, en su primera novela se sitúa Miller en la estela de Walt Whitman y Thoreau para crear un monólogo en el que el autor hace un inolvidable repaso de su estancia en París en los primeros años de la década de 1930, centrada tanto en sus experiencias sexuales como en sus juicios sobre el comportamiento humano. Para encontrarse con su destino Miller abandonó su patria y dejó atrás una larga lista de empleos que nunca le satisficieron, una hija y una familia de la que ponía distancia. Pero en su maleta empacó para llevar consigo sus recuerdos, la nitidez de las sensaciones y la brillantez de los argumentos que le hicieron rechazar ese modo de vida, que le hicieron comprender que debía preocuparse por la comida justo en el momento de experimentar hambre y no antes. Dejó de preocuparse por el mañana con tal de tener un techo y una máquina de escribir para ejercer hoy su oficio de escritor, naturaleza que no apareció en él, como sucede a menudo, cuando se publica, cuando la crítica admite la obra del escritor. No, la condición de escritor de Henry Miller se manifestó cuando comenzó a escribir y tuvo la certeza de que ése, y no otro, era su oficio y destino. Miller llegó a París en 1930, a los 40 años, sin dinero, sin trabajo, ansiando ser el escritor de un solo libro —del último libro—, el que enterraría a todos los demás porque después de su testimonio sangrante ya no habría nada que decir. De hecho, Trópico de Cáncer es un libro que se narra a sí mismo porque es el estrepitoso relato de su propia creación. Es una cínica autobiografía de la realidad. En París, Miller se añade a una pandilla de escritores holgazanes, artistas chiflados, chulos urgentes y mujeres fatales que se engañan y se necesitan entre sí. Forman un peligrosísimo tropel donde es imposible distinguir porque todos son pícaros y flagelantes. El libro cuenta, entonces, las correrías y aventuras de un bohemio norteamericano en el París de los años 30 del pasado siglo. Aventuras sexuales (sin escatimar sustantivos y adjetivos), andanzas literarias, tropezones alcohólicos, supervivencias vitales, pobreza, tristeza, gorronería, nostalgia, desamor, personajes inefables, personajes previsibles, amor y vino. Todo bajo la capa de una prosa fácil, limpia (aunque parezca lo contrario por sus sustantivos), y una carga profunda de sentimiento de libertad y de crítica a un país -el suyo, EE.UU.- que aunque le proponga la vida tranquila, el amor dejado, la seguridad monetaria, lo cambia todo eso, por un simple beso de una prostituta de París. Por hoteles de mugre y tisis, por parques donde duerme como un perro, Miller lleva los originales de su libro. No hay aquí modo de separar la vida de la obra, y este es el asalto que el neoyorquino vagabundo gana por knock out a los naturalistas del siglo XIX, tan complacidos en su retratismo de los bajos fondos. Aquellos escribían con guantes de goma para no tocar la pobredumbre, y sus libros huelen al formol puritano del patólogo. (Como a los falsos amores, a los naturalistas los mata la distancia.) En cambio, en Trópico de Cáncer, autor y libro son una moneda de una sola cara. Escrito con pasión y rabia desmedidas, Trópico de Cáncer, es la descripción de esta estancia en Paris donde, viviendo como vagabundo, descubrió por qué la ciudad del Sena atrae a los torturados, a los alucinados, a los grandes maniacos del amor. Y nos lo describe con una elocuencia que muy pocas plumas poseen. Nos relata por qué en París se pueden abrazar las teorías más fantásticas sin que parezcan extrañas. Una ciudad donde todo adquiere un nuevo significado y los límites se desvanecen. Una majestuosa obra contada por una persona que llegó a dormir junto a los perros hambrientos debajo de algún bello puente a las verdes orillas del río Sena. Trópico de Cáncer descubre ante el lector por que Henry Miller es considerado uno de los mas grandes de la literatura contemporánea. Esta obra, construida a través de las vivencias del autor, nos va llevando a los recodos íntimos de su estancia parisina, sus fantasmas, sus creencias, sus deseos mas abyectos y también a toda una filosofía o mas bien una radiografía de la sociedad decadente de las primeras décadas del siglo XX. Todo con una gran veta de humor negro, idealismo rebelde, caos vivencial y bohemia. La historia vibra con una larga lista de ejemplos de cómo desde la locura, los excesos, las renuncias, el placer o el sufrimiento, se han gestado las mejores obras de arte de la humanidad. Pero, además, la misma historia nos enseña que tales obras se han concebido en primer término para y por el placer de quienes las escriben, aquellos espíritus que se han permitido el gozo personal de crearlas sin que les haya importado el compartirlas o no. Debemos considerar que, como sucede a menudo con nuestra propia vida, para lograr capturar con nitidez los recuerdos, el mejor camino es poner distancia de ellos. Ese despiadado retrato que Miller ofrece de la familia, del amor, del éxito, de la prosperidad, de la competencia y de todos aquellos valores tan preciados para los estadounidenses, no accidentalmente fue concebido fuera de su país. Se lamenta, sí, su indiferencia casi animal por el sufrimiento de la gente, por la injusticia, ya que el libro está roído por un nihilismo ácido. Además, cansan sus divagaciones «metafísicas», que nos dan páginas redondas —o sea, sin pies ni cabeza—. Aun así, el libro mantiene la energía y el humor de sal gruesa que hacen de Henry Miller un nieto marrullero del Arcipreste de Hita, admirable, tonsurado y gozador.

El Ciudadano Kane de Orson Welles

"Citizen Kane" es una una película magistral realizada por un joven prodigio de sólo 26 años de edad, que inventa con insólita personalidad -y de golpe- varios conceptos cinematográficos de primer orden. “Citizen Kane”, que hoy está indiscutiblemente considerada como la mejor película de todos los tiempos, ni obtuvo un gran éxito de público en su estreno, ni se llevó los premios que, quizá, la juventud y poca modestia de su director le privaron de conseguir. Narra las aventuras y desventuras en la ajetreada vida de un magnate de la prensa llamado Charles Foster Kane (Orson Welles) que fallece solo en su gran mansión pronunciando una única palabra: "Rosebud". Con la intención de averiguar su significado un periodista llamado Jerry Thompson (William Alland) comienza a investigar la vida del fallecido para intentar averiguar el significado de su última y misteriosa palabra entrevistando a las personas que vivieron y trabajaron con Kane. Las entrevistas se suceden y con cada persona afloran vivencias y recuerdos que ayudan a modelar la compleja imagen del fallecido millonario, pero, que no aportan datos sobre la misteriosa palabra. En diferentes momentos, los personajes especulan que “Rosebud” era algo que Kane perdió o que nunca pudo conseguir. Pero Rosebud era simplemente un trineo de la infancia de Kane. La historia está basada en la vida de William Randolph Hearst, magnate de prensa sensacionalista en esa época quien, indignado, usó, para vengarse, todos los resortes a su alcance para garantizar la marginación de Welles en el mundo del cine y obligarle a participar en películas menores, alejado de los grandes estudios. Particularmente doloroso le resultó a Hearst que el principal misterio de la película, la última palabra proferida por Kane antes de morir, “Rosebud” (“capullito de rosa”), que en la película es un trineo de juventud de Kane, correspondiera al apelativo familiar con que Hearst llamaba al clítoris de su amante, Marion Davis. El filme sin duda marca un antes y un después en la historia del cine. Técnicamente no inventó nada, pero sí usó todos los recursos existentes hasta ese entonces de manera magistral. Pero también añadió algo absolutamente nuevo: la mirada personal del autor: el director como un narrador omnisciente que quiere contar la historia a su manera. El niño prodigio de la radio y de la escena, Orson Welles, todavía era un novato del cine cuando la RKO lo introdujo en Hollywood con un contrato que le garantizaba plena libertad artística. Habia llamado la atención de Hollywood gracias a su singular narración radiofónica de “La Guerra de los Mundos”, que consiguió hacer creer al cultivado y escéptico público americano en una invasión extraterrestre. Encantado con los recursos de un gran estudio el jovencísimo director pronto rompió las reglas no escritas del cine comercial. Orson Welles, creador total, se encarga de la dirección, actuación y escritura del guión de esta película. Pero su película es un fracaso de taquilla, es un fracaso relativo en los Oscar y supone, en suma, la caída de un Welles recién entronizado. Caída que durará, con altibajos, el resto de su vida.

Easy Rider de Dennis Hopper

Con el dinero conseguido por la venta de cocaína, Wyatt y Billy (interpretados por Peter Fonda y Dennis Hopper) deciden comprarse dos potentes motos y abandonar Los Angeles. Los dos jóvenes, a bordo de sendas motocicletas, quieren llegar hasta Nueva Orleáns en donde se esta a punto de celebrar el Carnaval del Mardi Grass. Los dos motociclistas se lanzan a la odisea de recorrer el país de costa a costa. Durante el camino se encontrarán con las distintas caras de ciudades grandes y pequeñas, y con un montón de personajes inusuales. En medio de su viaje recogen a un extraño con quien pasan una noche en una cueva y al dia siguiente este ultimo los invita a su comunidad hippie donde el es el líder; los tres pasan una tarde llena de actuaciones teatrales improvisadas y juegos en un manantial junto a las mujeres de ese campamento. Mas tarde antes de retirarse, el extraño le da un poco de LSD a Wyatt y le dice que lo use con la compañía adecuada. Habiendo llegado a Louisiana son arrestados por participar en un desfile sin permiso, pasan una noche en la prisión. Su compañero de celda, un abogado alcohólico, George Hanson (interpretado por Jack Nicholson) les hace un gran favor sacándoles de la cárcel y luego se les une en el viaje y con ellos descubre el placer de fumar hierba por primera vez. Como muestra de agradecimiento les da la dirección del mejor burdel de New Orleans. Al día siguiente deciden ir a almorzar a un restaurante en donde las jovencitas los miran con admiración, por fin ven a unos verdaderos hippies en su ciudad, mientras que los hombres conservadores del pueblo los miran con recelo al mismo tiempo que los insultan. Al ver la actitud de la gente de ese pueblo deciden marcharse sin comer y acampan a las afueras de la ciudad. Los tres se van a dormir y en la madrugada los hombres del pueblo los encuentran y empiezan a golpearlos mientras ellos estaban indefensos, George muere, mientras que sus compañeros solo están heridos y lamentan su muerte. Tras entregar los restos y pertenencias de su amigo a su padre siguen su camino hasta llegar a New Orleans, y deciden ir al burdel del que hablo George ya que a el le hubiera gustado que hagan eso. Una ves ahí piden a 2 mujeres: Karen y Mary. Luego de pasear por las calles terminan en el cementerio de la ciudad donde los 4 usan el LSD, que el líder de comunidad hippie le regalo a Wyatt, y tienen una experiencia psicodélica, un viaje ácido que los motivo a tener sexo al lado de las tumbas. Al final se ve a Billy y Wyatt nuevamente en sus motos conversando acerca de su futuro mientras van camino a Florida. Lamentablemente sus sueños se truncan con la aparición de una camioneta conducida por granjeros, uno de ellos le dispara a Billy tumbándolo de su moto, Wyatt al ver esto regresa para ver a su amigo agonizando y le promete atrapar a los que le dispararon y va tras la camioneta de los granjeros pero al estar frente a ellos, le disparan al tanque de gasolina y su moto explota, matándolo instantáneamente. En todo su trayecto encuentran las dos reacciones de la sociedad ante su estilo de vida: la fascinación hacia su existencia libre (encarnada en el personaje de Jack Nicholson), y la violencia de la cultura tradicional y la ética del trabajo que ve en ellos una amenaza a sus certidumbres. Esta película, que surge como reacción a la sociedad conservadora, muestra un modo de vida "alternativo". Con "Easy Rider" la pareja formada por Peter Fonda y Dennis Hopper construye un verdadero icono de la rebeldía juvenil y de la insatisfacción, razones, en fin, para seguir viviendo en un país que desde su nacimiento hizo del contraste y las profundas diferencias el rasgo quizá más definitorio de su casi siempre inescrutable e indefinible identidad. Dirigida por Denis Hopper, su inesperado éxito llevó a su director a un estrellato que nunca supo administrar. Nacido en Dodge City, Kansas, en 1936, Hopper completó su educación secundaria en California, adonde su familia se trasladó después de la II Guerra Mundial. Como actor, pronto se especializó en adolescentes revoltosos y violentos a raíz de su primera aparición en Rebelde sin causa. También se ganó enseguida la fama de problemático. Pero a los 32 años consiguió que la Columbia le permitiese dirigir Easy Rider, sobre el papel una modesta road movie articulada alrededor de uno de los temas clásicos de la cultura americana, el viaje. En ella, su director mostró por primera vez las grandes líneas de la contracultura de los sesenta: la marihuana, el LSD, la música pop, el pacifismo, la protesta hippy y la crisis del sueño americano. Dennis Hopper, el hombre que abrió la puerta de la industria a directores como De Palma, Scorsese o Coppola, con su retrato cínico y autocrítico de la sociedad estadounidense, fue víctima de un ostracismo que le condujo por una pendiente hasta perder la cabeza. Aun asi, Hopper –quién lo diría– es el único superviviente de Rebelde sin causa. Y, tal como profetizó en Easy Rider alrededor de una hoguera, preñado de alcohol y marihuana, el tiempo ha acabado dándole la razón: son las personas vitales, sin objetivos a medio o largo plazo, quienes permanecen. Aquellos que buscaron el placer inmediato antes que la redención de la humanidad.

Rebelde sin causa de Nicholas Ray

Jimmy Stark (James Dean), estudiante de instituto, es un chico particularmente difícil: confuso y desorientado, un joven muy problemático que siempre se mete en líos y se ve frecuentemente envuelto en peleas y conflictos, a consecuencia de los cuales su familia, en la cual es el hijo único, se ve obligada a un permanente peregrinaje de una ciudad a otra para que cambie de ambiente pero esto no servirá de nada. Jim es un tipo duro, enloquecido por un mundo que no comprende, aunque tenga muy cerca a sus padres que están dispuestos a hacer lo que sea por él. Ellos intentan ser comprensivos, sin embargo cuanto más proteccionistas son peor saldrán las cosas. Llegado a una nueva localidad, en la que también encontrará nuevos sentimientos hasta entonces desconocidos: el amor, de Judy (Natalie Wood); y la amistad admirativa de “Platón” Crawford (Sal Mineo), un muchacho, aún más joven que él, no tarda en sostener su enésimo enfrentamiento, aunque, en esta ocasión, las consecuencias serán mucho más terribles. Una noche sus padres tienen que ir a recogerle a la comisaría. La pelicula comienza con el ebrio sobre la acera y es llevado a la comisaria porque se ha entretenido destrozando parquímetros, totalmente borracho. En la comisaria conoce a Judy y a Platon. Cada uno está allí por un motivo distinto: Jim por estar borracho, Judy se ha escapado de su casa y Platón acababa de matar a tiros a unos cachorros. Mientras espera que sus padres lo busquen conversa con un policia, el inspector Ray, que se da cuenta que Jim esta atormentado por la debilidad de su padre al dejarse manejar por su madre. El inspector Ray descubre que los tres mantienen una relación conflictiva con sus familias. Jim y Judy son recogidos por sus padres, pero Platón, hijo de una pareja divorciada, tiene que conformarse con la visita de la criada negra que vive con él. En su primer dia de clase Jim descubre que Judy y Platon van a la misma escuela que el. Judy pertenece a una banda de "chicos malos" que enseguida comenzaron a molestarlo. Su comportamiento no es óbice para que Judy (Natalie Wood), la novia del "jefecillo" de la pandilla del nuevo colegio, se sienta atraído por él. No parece muy a gusto con su novio Buzz porque en cuanto aparece Jim se va con él y no le deja en ningún momento. Platon, otro compañero de la escuela, se hace amigo suyo. Platon se acerca a Jim admirandolo para ofrecerle su amistad. Por lo que se puede intuir es un homosexual que por supuesto en esa época ni se plantearía reconocerlo. Lógicamente la rivalidad entre Jim y el gallito Buzz (Corey Allen), no se hace esperar. Se enfrentan a una pelea de navajas que Jim afronta desarmado pero como la contienda es interrumpida por la aparición de un guarda se desafían para un reto mayor: conducir con sus coches a toda velocidad hasta el precipicio y el primero que se asuste y salte del coche pierde la apuesta. Ambos aguantan hasta casi el final, Jim salta pero Buzz al querer saltar se engancha, cae con su auto y muere precipitandose al vacío. Todos los allí presentes huyen aterrados. Jim le explica al padre lo sucedido esperando una respuesta que el padre no sabe darle, discuten y se va de su hogar. Luego, estará acompañado toda la noche por Judy y Platon. Los tres amigos se encuentran en una casa abandonada. Durante toda esa noche hay tiempo para todo, para disfrutar del amor, de la libertad, de la aventura y del pánico, porque en cualquier momento pueden ser detenidos por la policía. Los amigos de Buzz los buscan y al entrar a la casa se enfrentan con Platon, este asustado dispara. La policia que entra tambien se enfrenta con Platon. Jim y Judy tratan de calmarlo, la policia pide que salga con las manos en alto, Jim le saca las balas al rebolver de Platon. Al salir la policia le dispara y lo mata. "Rebelde sin causa”, dirigida en 1955 por Nicholas Ray, es una magnífica película centrada en la soledad del adolescente incomprendido y aislado de la sociedad debido a su desarrollo en un ambiente propicio al trauma emocional, por la absorción de complejos y miedos ajenos, los cuales se intentan expulsar mediante el empleo de la violencia y el abandono. Estados Unidos, a mediados de los 50, es un país que empieza a recuperar el aliento, tras el esfuerzo de la Gran Guerra, y está erigiéndose en potencia hegemónica. El "american way of life” es exportado junto a las generosas remesas económicas del plan Marshall, con todas sus notas características de modelo de orden, aseado y confortable, al menos en su superficie. Porque al fondo, muy al fondo (los convulsos 60 aún están por llegar), algo se mueve. Con este telón de fondo, la sociedad adulta americana no podía entender como los jóvenes de su país podían abandonarse a la delincuencia, más aún cuando estos pertenecían a clases burguesas acomodadas que, en principio, no deberían tener ningún gran problema, una causa que justificara su rebeldía. Nicholas Ray –un hombre al que Hollywood terminó negando el pan y la sal, confinándolo en producciones marginales y abocándolo a un final tan trágico como patético– urde la historia con solvencia y seguridad. Aunque es una buena historia y en su día tuvo una repercusión social importante, no sería lo mismo sin la presencia de James Dean, que en ese instante era un actor más, joven, que acababa de empezar su carrera, pero que su temprana muerte le ha convertido en un mito viviente ya no sólo del cine, sino también de una forma de entender la vida, siempre rebelde. James Dean sólo pudo hacer tres películas: "Corey Allen" de Elia Kazan, "Rebelde sin causa" y "Gigante" de George Stevens que no pudo ni terminar. El 30 de septiembre de 1955 se mataría con su Porsche bautizado como el "pequeño bastardo" en un accidente. Era muy aficionado a las carreras y a las grandes velocidades así que la mala suerte se cebó con él. Curiosamente el diario "New York Times" sólo dedicó cuatro líneas a esta noticia.

Taxi Driver de Martin Scorsese (1976)

Un ex marine insomne que ha retornado de la Guerra de Vietnam llamado Travis Brickle (Robert de Niro) trabaja como taxista nocturno en la ciudad de Nueva York. Sólo, triste, rechazado, Travis pasa el tiempo libre que no está en el taxi bebiendo, yendo a Salas X y alimentándose con dietas desastrosas, que no hacen más que aislarle más de la sociedad en la que se halla. La fauna humana que encuentra a partir de entonces le irá convenciendo en la idea de que debe actuar para acabar con la podredumbre que habita las calles de Nueva York. Entre toda esta desesperación vivamente retratada por Scorsese, de calles llenas de camellos, chulos, putas y luces de neón, ese hombre sólo, incapaz de funcionar en un mundo aparentemente normal, va circulando por las calles llevando a cualquier tipo de pasajero, o bien va escribiendo un diario siempre narrado en off, en el que escribe una y otra vez cómo "Llegará una lluvia que se llevará toda esta mierda". Travis Bickle sufre de depresión y ansiedad al sentirse progresivamente rechazado por la sociedad. Mientras conduce su taxi, es testigo silencioso de todas las maldades existentes en la gran ciudad: la violencia, los prejuicios, las locuras, los barrios bajos. A medida que pasan los días Travis va enfureciendo y llega a la paranoia. Anota todo en su diario, decidido a pasar un día a la acción, respondiendo a la violencia con violencia. Desde la perspectiva vaporosa de su taxi, vemos como sus múltiples prejuicios van conformando una personalidad cada vez más tendente hacia el comportamiento violento. El desencadenate de la locura de Travis finalmente será la relación que tiene con dos mujeres. La primera, Betsy (Cybill Sheperd) es una guapa mujer que trabaja apoyando la candidatura de Charles Palantine como presidente y con la que romperá la relación pocos días después de empezar, debido a la gran diferencia entre ambos. Betsy es la persona que él elige para acercarse a un mundo que no le pertenece, sin embargo, preso de la ignorancia, por un lado, y por otro, con ciertas ganas de arrastrarla hacia su particular submundo, la lleva a una Sala X, donde ella primero, lo encuentra divertido por lo atípico de la situación, y luego lo rechaza, sintiéndose insultada, y saliendo del cine escapándose, literalmente de Travis, que la sujeta por el brazo varias veces, sin lograr entender que es lo que había pasado. Luego Scorsese dibuja perfectamente lo que es y siente Travis, cuando en un plano en el que él esta llamando a Betsy para excusarse, Scorsese desvía el plano hacia un pasillo vacío. Eso es Travis: un gran vacío. La segunda mujer que se cruza en el camino de Travis es la joven prostituta de doce años Iris (Jodie Foster), que una noche se introduce en su taxi llorando pidiendo que la saque de allí, cuando irrumpe su chulo Sport (Harvey Keitel), y por la fuerza la saca del taxi y se la lleva. Esa situación y su posterior encuentro con ella en una habitación, donde Travis es incapaz de tocar a la chica, tras haber negociado con Sport en una escena divertida y tensa a la vez, fruto de la improvisación entre estos dos monstruos de la interpretación, le lleva a entender su función en la vida: Eliminar a la escoria como Sport. A partir de ahí Taxi Driver se dispara, primero Travis compra un montón de armamento en otra inolvidable escena en la que un pasante ilegal le explica que es lo que hace cada tipo de arma, posteriormente mata a un negro que estaba atracando una tienda y empieza a acosar al candidato a presidente, el senador Pallantine (Leonard Harris). Travis está preparado. Ha hecho flexiones, se ha fabricado una prótesis para sacar una pistola por la manga, ha escrito a sus padres, se ha afeitado la cabeza a lo mohicano. Tras su fallido intento de matar a Pallantine, en una secuencia claustrofóbica, y sí, violenta, Travis libera a Iris provocando una matanza, pero cuando quiere suicidarse al final de la misma, no encuentra con que hacerlo. Sutil ironía para este sociópata que acabará encumbrado por los periódicos como nuevo héroe tras salvar la vida de Iris, la brutal escena acaba con un escalofriante travelling en picado que desciende lentamente desde la habitación de la matanza a la calle donde ya se aglomera la gente interesada por lo ocurrido.

La casa de Bernarda Alba de García Lorca por Mario Camus (1986)

Tras la muerte de su segundo esposo, Bernarda Alba se recluye e impone un luto riguroso y asfixiante por ocho años, prohibiendo a sus cinco hijas a que salgan a la calle frustrando así las necesidades de sus cuatro hijas "en edad de merecer". Cuando Angustias, la primogénita y la única hija del primer marido, hereda una fortuna, atrae a un pretendiente, Pepe el Romano. Bernarda después de haber negado a Martirio como prometida a un Humanes "por ser gañán", compromete a Angustias con Pepe "El Romano". Pero Pepe "El Romano" simultáneamente enamora a Adela, la hermana menor, quien está dispuesta a ser su amante. Asi, la aparición de este personaje desencadena una serie de acontecimientos que degenera en una confrontación entre la madre y las hijas y sobre todo entre éstas últimas. Poncia, una de las criadas de confianza de la casa, trata de advertir a la señora sobre las consecuencias de una disciplina tan rígida. Pero Bernarda rechaza todas las críticas; primero para no perder su aparente seguridad y, segundo, porque no puede aceptar consejos de una persona que está a su servicio. Durante un encuentro clandestino de los amantes, María Josefa, la madre de Bernarda que mantienen encerrada por su locura, sale con una ovejita en los brazos y canta una canción absurda pero llena de verdades. Cuando Bernarda se entera de la relación entre Adela y Pepe, estalla una fuerte discusión y Bernarda le dispara a Pepe, pero éste se escapa. Tras escuchar el disparo, Adela cree que su amante ha muerto y se ahorca. Al final de la obra, Bernarda dice que Adela se murió virgen para guardar apariencias, y exige silencio.